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En el campamento de los yanquis se ha producido un tiroteo. A Dionisio Romero le han acribillado a balazos en este poblado de infraviviendas a las afueras de Madrid. Todos los vecinos saben que la cosa no va a acabar así, que en ese lugar la sangre se lava con más sangre. Y lo primero que se encuentra Javier Valenzuela al llegar al lugar de los hechos es a un chaval de 14 años que busca un cigarrillo para liarse un canuto y que palmea por bulerías. A partir de ese encuentro, el periodista reconstruye las formas de vida en el campamento de los yanquis, escenario de una de estas crónicas.
Las condiciones sociales que imperaban en las periferias urbanas a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta se convirtieron en el caldo de cultivo de una juventud temeraria y sin límites. Muchos jóvenes encontraron en la transgresión social y en el bandolerismo desesperado la única salida a su situación. A este cóctel se sumó la heroína, una verdadera pandemia en aquellos años, lo que degeneró en una ola de inseguridad ciudadana y de pánico social. Muchos de aquellos jóvenes acabaron en la cárcel de Carabanchel, donde también se desarrollan algunas de estas crónicas, que se publicaron en El País durante los años ochenta y que exploran aquel periodo a través del diálogo cara a cara con sus protagonistas. El libro cuenta con prólogo de Amanda Cuesta, comisaria de la exposición Quinquis de los ochenta.
Cosas que dicen por ahí
Lo que distingue a estos artículos de los millones y millones que pueden circular hoy, lo dice el propio Valenzuela, es precisamente su sempiterna presencia en el lugar de los hechos. Su calidad de auténtico testigo. Nada se cuenta de oídas, y nada se cuenta sin sentimiento.
Hubo entonces un periodismo que fue vanguardia social, que le puso cara a un país que sus propios ciudadanos desconocían tras cuarenta años de telediarios franquistas, y que representó y lideró los anhelos de una sociedad ilusionada.(...) Estas crónicas son un fiel relato y retrato de lo más parecido que ha tenido España a “aquellos años maravillosos”.
Antonio García Maldonado en El puercoespín
Era esa época en la que "ni las putas ni los atracadores ni los yonquis, ni tan siquiera la policía tenían gabinetes de prensa, ni cuentas de Facebook ni Twitter. Había que ir al lugar de los hechos, hablar con la peña y escribir la historia de un modo que resultara atractivo".
Con la publicación de Crónicas Quinquis, Libros del K.O. y Javier Valenzuela ofrecen un gran ejemplo narrativo de periodismo de sucesos, un ejemplo del periodismo de buena pluma, del periodismo que nace de la atenta y cercana observación.
Anna Maria Iglesia en Culturamas
Ficha técnica
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