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Esa maldita pared

Flako


 

Todo el mundo tiene un don: el de Flako fue durante muchos años aprender a moverse como un fantasma por las cloacas de Madrid, donde excavaba butrones para atracar bancos. La prensa lo bautizó como 'el Robin Hood de Vallecas'.

Todo el mundo tiene una maldición: a Flako lo detuvieron el mismo día que nació su hijo. La policía lo acusó de siete atracos. Cumplió condena por dos.

Todo el mundo tiene una segunda oportunidad. La de Flako llegó en forma de cine y literatura. En la cárcel comenzó una relación epistolar con el director de cine Elías León Siminiani. De aquellas cartas nació una amistad que desembocaría en la película documental Apuntes para una película de atracos. Animado por Elías y por los libros que este le regalaba (Edward Bunker, El Lute, Sergiusz Piasecki, Erick el belga), Flako comenzó a escribir sus memorias en la celda de la prisión de Estremera. Escribía con rabia, pero también con ternura, una prodigiosa atención por el detalle, un don innato por la metáfora sorprendente y la honestidad brutal de una confesión a quemarropa.

Esa maldita pared discurre entre los bares de Vallecas y los bancos del barrio de Salamanca, suena a banda sonora de Bambino y Los Tigres del norte, y se lee como una novela negra de neorrealismo castizo.

Esa maldita pared es más que un libro de atracos: es un atraco perfecto.

 

 



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